Transferencia

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Por Nieves Gonzalez.

CLASE APERTURA CURSO 20003-04 II

Freud aborda la conferencia 27,(1) la penúltima de las que tuvieron lugar en la universidad de Viena, dictadas en plena Primera Guerra Mundial, disculpándose  por no haber hablado una sola palabra sobre la técnica psicoanalítica. Anuncia que hablará de un hecho nuevo sin el que no sería posible entender nada de los procesos patógenos expuestos hasta el momento. Este hecho nuevo, la transferencia, retomado unas paginas después, es una premisa que verifica en todos los casos de neurosis tratados por él. No es la única ocasión en la que Freud hace equivalentes la técnica analítica y el estudio de la transferencia, elemento tercero que se añade a la pareja analizante – analista, en una cura analítica, para designar el tipo de vínculo que se establece entre ellos.

En Psicoterapia de la Histeria Freud anota cómo la figura del medico es proclive para actuar como enlace falso. Es la primera vez que emplea este término: “La transferencia sobre el médico acontece por enlace falso”. (2)

Se refiere a como el paciente acude a la figura del médico cuando en sus asociaciones se va a producir algo del terreno del deseo sexual. Ya en ese momento Freud escribe como no es posible acabar un análisis sin vencer esas resistencias. Pone el ejemplo de cómo de pronto una paciente deja de asociar con el todavía método de la presión sobre la frente. Freud le comunica como por fuerza ha tenido que surgir un obstáculo y como también la presión sobre la frente le mostrará de que se trata. “Apliqué la presión sobre la frente y ella dijo asombrada: le veo a usted sentado aquí, en el sillón; pero es un disparate, ¿Qué puede significar?”.(3)

En su seminario I –1953-54, al abordar la transferencia bajo el fondo del movimiento de resistencia, Lacan piensa que ésta se manifiesta en  un movimiento bascular de las palabras que emite el analizante en la presencia del analista que puede culminar en un sentimiento teñido de angustia. ¿Qué hace que la presencia del analista como telón de fondo de las palabras del analizante pueda tener en algunos momentos de la cura esta función de resistencia?

Es realmente en su encuentro con Dora, 1901, (5) cuando Freud se topa con la transferencia en su dimensión de resistencia, en su vertiente de obstáculo a la cura concebida entonces como un arte interpretativo por el cual lo inconsciente podía ser vuelto consciente. Transferencia e interpretación no se pueden disociar. Era imprescindible que la transferencia estuviera presente para que el paciente diera credibilidad a las interpretaciones, las aceptara de buen grado.

Freud al decir de Jones concibió en un primer momento la redacción de este caso para ilustrar como funciona en una cura la interpretación de los sueños. La paciente tiene dos magníficos sueños, que Freud interpreta logrando restablecer sus lagunas mnémicas, pero la paciente se va, interrumpe su análisis.

Freud sacará consecuencia. Es  una cualidad de la que gozan los creadores, que se dejan trabajar por la sorpresa, aunque ésta provenga de un fracaso.

Es evidente que la transferencia entendida como interés hacia la figura del analista, la idealización del mismo, la aparición de afectos que pueden ir desde el claro enamoramiento a la admiración y sobrevaloracion de la persona del analista, no es exclusiva de la terapia analítica. Es muy frecuente que surja este vínculo en otros ordenes de la vida. En el terreno de la medicina, en otras modalidades terapéuticas, en el ámbito de la enseñanza…En todo ello estamos, desde luego, en el terreno del amor.

Es fácil de comprender, pues el esquema es simple. Suponemos que el otro tiene lo que nos falta. Se supone que el otro, el analista, tiene saber sobre nuestro padecer, tiene el don de poder curar. Por ello le amamos antes de conocerle, simplemente por el lugar que le otorgamos, lo que no quiere decir que ese movimiento sea suficiente para instaurar la transferencia analítica. Hay transferencia -dice Lacan- solo conque alguien con su presencia se preste a encarnar el Sujeto Supuesto Saber, a encarnar- nos dice- a ocupar ese lugar con su presencia. Vean la diferencia, a encarnar el lugar de un saber que se supone, no a mostrar que es el analista el que detenta el saber. Y elijo el verbo detentar, porque resuena con detentar el poder. Por ello el analista debe estar advertido de que es un lugar que tiene que poder ser desvelado al final de un análisis.

Es la primera elección preñada de consecuencias que tendrá que hacer un analista. Aceptar o rechazar la metáfora del amor que su paciente le brinda. Vamos a tener ocasión de estudiarlo con detenimiento este curso en el seminario del Colegio, pues Lacan dedica un curso entero ( 60-61) (6)a abordar este punto. Si el analista se coloca en el lugar del ideal que le brinda la estructura y desde ahí gobierna la cura, la transferencia se reducirá a la sugestión. Unos años mas tarde Lacan formulará la principal referencia para pensar la transferencia, el deseo del analista, ese lugar en el que debe éticamente colocarse  el analista y desde el que velará por  mantener abierta a lo largo de la cura la distancia que existe entre el lugar del ideal y el del objeto.

En La Dirección de la Cura, escrito en el que Lacan denuncia la impostura y la degradación en la que estaban cayendo  la obra de Freud, concluye su introducción de esta manera: “ pretendemos mostrar en qué la impotencia para sostener auténticamente una praxis, se reduce, como es corriente en la historia de los hombres, al ejercicio de un poder”.

Lacan habla de una responsabilidad del analista en cuanto a su acción, pues sin duda el analista dirige la cura. Si el analista no conoce en qué se basa su acción, su práctica se reducirá al ejercicio de un poder que el analizante le otorga por pura estructura. . Recuerden la advertencia que Freud hace a los analistas, ya en 1914, de que no vayan a confundirse y pensar que ese poder que les otorga la transferencia emana de las “excelencias de su persona”, pues tiene que ver  – como les decía- con la estructura misma.

¿Cómo se sostiene entonces la clínica psicoanalítica sin ejercer el poder que la transferencia imprime? Es la pregunta central que tendrá que abordar todo psicoanalista en su práctica, pregunta ética por excelencia.

Por medio de la sugestión también se cura. No cabe ninguna duda. Todos hemos experimentado los efectos curativos del amor y la influencia que se puede tener en el otro cuando está sujetado por ese vinculo, pero para que la transferencia sea transferencia analítica y no se reduzca a pura sugestión tiene que incluir su dimensión de resistencia. Así de taxativo lo enuncia Freud en 1917. Lo podemos decir también de otra manera, si el analista no se coloca en el lugar del ideal, tarde o temprano, si el analizante se da su tiempo y la cura progresa, se va a topar con un aspecto de resistencia en la transferencia. Entendemos la resistencia con la definición que hace Freud en el cap. VII de la Interpretación de los sueños“ Todo lo que destruye, suspende, o altera la continuación del trabajo analítico”. Es decir que ese interés por la persona del analista, que hasta ese momento era motor de la cura, se convierte en obstáculo a la asociación libre, en cierre del inconsciente en lugar de apertura.

Retomemos la pregunta que Freud se hace en 1914 en su texto Sobre la dinámica de la Transferencia(9): ¿a qué debe la transferencia  servir tan excelentemente como medio de resistencia? Ya nos advierte Freud que no entenderemos nada si no distinguimos en la transferencia sus diversas modalidades. Asi en la transferencia se incluyen tres tipos de sentimientos: tiernos y amorosos, eróticos y hostiles. Los dos últimos son los que pueden entrar al servicio de las resistencias.

Entonces, cuando en la transferencia se ponen en juego mociones eróticas reprimidas o de hostilidad u odio, ésta se convierte en resistencia. Se trata  de lo sexual, de la sexualidad en juego que el amor recubre.

No es difícil para los lectores de Lacan contestar esta pregunta de Freud con  el gran hallazgo que realiza en el sem XI. (10)Donde va a definir la transferenciacomo la puesta en acto de la realidad  del inconsciente”.

Esta fórmula nos permite situar a la transferencia como diferente a la repetición -algo que ya había hecho  Freud al elaborar el concepto de neurosis de transferencia -, pero le saca todas sus consecuencias en el terreno de la interpretación. Lo veremos más adelante

La transferencia es la puesta en acto de la realidad sexual del icc, añade matizando cual es la realidad del icc, una realidad sexual.

No es que Freud no hubiera formulado casi desde el principio  la naturaleza sexual del icc, no es que no hubiera formulado que los representantes icc  son los representantes de la pulsión, no es que tampoco hubiera dejado de decir que lo que se repite en la transferencia “tiene siempre por contenido un fragmento de la vida sexual infantil y, por tanto, del complejo de Edipo y sus ramificaciones”.(11)

El hallazgo de Lacan al formular la transferencia como puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente es que conecta rotundamente la transferencia con la pulsión y permite diferenciar el envoltorio -por decirlo de una manera gráfica- que es el amor, sin el que no puede darse la transferencia, con lo que éste envuelve, el objeto que el sujeto se hace en su fantasma, en su fija escena fantasmática, para completar al Otro. Este objeto que Lacan nombró objeto a y que funciona como operador en las relaciones que el sujeto establece con su deseo y con su goce.

Definir así la transferencia recordaba a los analistas de la época, y nos sigue recordando a nosotros analistas en la actualidad, que lo que se juega en el terreno de la transferencia, no solamente está del lado del saber, sino del lado de la pulsión, de la sexualidad.

Pues ese es el asunto que le tuvo embebido a Freud los últimos 20 años de su vida. Le acusaron de pesimista al igual que también dijeron de Lacan que chocheaba y que charlataneaba. Siempre hay ciertos calificativos que se emplean para eludir la molestia y el chirrido que provoca un sujeto lúcido. Acuérdense que antes a los lúcidos les quemaban en la hoguera. El mismo Freud lo comentó con admirable ironía cuando los nazis quemaron su obra: hace algunos años me hubieran quemado a mí, ahora solo queman mis libros, la civilización progresa. Cito de memoria.

Vayamos acabando

Este saber inconsciente tiene entonces un límite en el propio discurso, como Gloria Fernández de Loaysa nos ha explicado, y por ello, un limite que hace a la interpretación del analista. ¿Cómo tendrá que interpretar un analista que ha experimentado estos límites en su propia cura, un analista que toma en cuenta esta realidad sexual del inconsciente?

No podemos- seria un abuso pedirles mucho mas tiempo su atención- recorrer los distintos momentos de Freud en torno al tema de la interpretación, pero si permítanme solo un breve apunte exclusivamente en lo que respecta a nuestro tema.

Cuando se topa con la transferencia como resistencia su primera respuesta es pensar que la resistencia debe interpretarse. Estamos en 1914. La lógica seria algo así como, encontrado el obstáculo le aplicamos saber y asunto resuelto. Permítanme la simplificación en aras a llevarles al punto que me interesa. Saben que en este momento se ha quedado detenido gran parte del movimiento psicoanalítico que interpretan la transferencia con las consecuencias que esto reporta para una cura que se mueve entonces a ras de realidad.

No puedo resistir la tentación de comunicarles lo que, desde mi punto de vista, es, como suele decirse, una perla. En el apólogo que les citaba al principio, cuando con una franqueza admirable piensa que el error  en la dirección de la cura del caso Dora tiene relación con la transferencia, en cuanto se ha presentado como resistencia, y él, como analista, no ha interpretado, lo revisa de manera muy diferente en dos momentos de su vida.

En 1905 cree que hubiera tenido que interpretar la transferencia. Sin embargo, en 1923 (11) , en una nota a pie de pagina, añade como, después de un montón de años, está convencido de que lo verdaderamente importante fue haber omitido una interpretación con relación al material que Dora había ya presentado, y que no pudo escuchar. Apuntarle ahí hubiera abierto el campo asociativo de la paciente, le hubiera señalado por donde seguir.

La interpretación entonces tiene que contar con este saber doblemente limitado. Por un lado porque el saber del analista, el saber  de la teoría no vale para que el paciente pueda construir su propio saber inconsciente, todo lo contrario lo obstaculiza, y de otro, que por mucho saber inconsciente que construya el analizante hay algo que no pasa al saber, que el saber  no puede servir para restañar la brecha que testimonia de un real que lo simbólico no absorbe en su totalidad.

Esta es la valentía y el coraje de Freud, afrontar ese fracaso, toparse con los limites y seguir ahí donde algunos, en nombre del psicoanálisis, se situaron al abrigo de la falta y crearon teorías psicológicas. Creo que este temple no pudo ser forjado mas que en aras de un deseo de saber que le hizo avanzar solo e incomprendido por todos y luego incomprendido incluso por sus propios discípulos. Se quejaba- a veces,- pero avanzaba, y resignó su idea primera de que lo no sabido inconsciente podía llegar a ser sabido, abandonó muchos de sus presupuestos porque la clínica le mostraba que algo no iba y admitió al final de su obra que ese saber que había elaborado como creador, como algo totalmente inédito, ese saber destinado a curar portaba un incurable.

Los analistas de hoy nos quejamos, también a veces, de que el psicoanálisis tiene muy mala prensa. O se nos ignora o, en el caso contrario, casi es peor, que cosas se dicen…. Es evidente que el psicoanálisis despierta en si mismo muchas resistencias por las verdades que entraña y de las que solo se quiere saber cuando el sufrimiento se hace insoportable y podemos añadir, se quiere saber  de ello gracias a que la transferencia le da las vestimentas del amor.

Pero por esa disciplina que también resta de un análisis me pregunto  remedando a Freud  “¿cual es la parte que nos corresponde del desorden del que nos quejamos?” Maravillosa interpretación freudiana que hace Freud precisamente a Dora.

¿Cuáles son las resistencias que fabricamos los propios analistas?. No es el momento de abordar aquí esta pregunta, pero permítanme nada mas una pequeña reflexión.

Es muy difícil para el humano- (¿tendríamos que tener algo de inhumanos los analistas entonces? )- no creer en el Otro completo del saber. Es verdad que nacemos en el desamparo más radical y que sin la asistencia ajena no sobreviviríamos, siquiera nos haríamos humanos, es verdad que el inconsciente es discurso en el Otro del lenguaje, es verdad que la madre como paradigma de un Otro omnipotente y completo preside nuestra infancia, y a veces nuestra neurosis, pero el psicoanálisis si algo  permite al sujeto es precisamente separarse de esa servidumbre, dándole la posibilidad de orientarse en la vida, no por la esclavitud agotadora de lo que demanda ese Otro que figuramos con temor, pues puede querer nuestro sufrimiento, sino por un deseo inédito que estaba atrapado en las redes fantasmáticas.

La transferencia entendida como realidad sexual del inconsciente actúa el circuito particular de cada cual en torno al objeto del fantasma que el analista se brinda a encarnar. Solo por esta vía es  posible rectificar la economía libidinal. ¿Cómo operar sino con un goce que no es significante, pero que está atrapado en un  circuito significante? Solo será posible si el analista deja el espacio que se requiere para que  el analizante pueda elaborar sus propias respuestas, para que pueda construir en qué circuitos significantes  está atrapado el goce que se actúa en la transferencia.

Y esto es algo muy práctico, no son solamente elucubraciones teóricas. Rectificar la economía libidinal es lo que permite deshacer los síntomas o inhibiciones neuróticas de una manera duradera, afrontar la angustia, en definitiva, reducir el sufrimiento de más que preside la vida del neurótico y por lo que viene a visitarnos, algo que no conviene olvidar.

Lo no sabido, lo que excede al lenguaje ha sido siempre temido por el hombre y para atemperar ese temor hemos fabricado mitos, religiones, teorías…. Como dice un verso que viene a mi memoria incompleto: “Es cierto que a los niños y a los hombres  se les duerme con cuentos”. No hagamos del psicoanálisis un cuento más.

Bibliografia

(1)  Sigmund Freud: Conferencias de introducción al psicoanálisis. Buenos Aires: ed. Amorrortu, 1989, volumen XVI, página 392

(2)  Sigmund Freud:  Estudios sobre la histeria. Buenos Aires: ed. Amorrortu, 1976, volumen II, página 306

(3)  Ibidem. Página 307

(4)  Jacques Lacan: Los escritos técnicos de Freud. Buenos Aires: Editorial Paidós, 1985, página 87

(5)  Sigmund Freud: Fragmento de análisis de un caso de histeria. Buenos Aires: editorial Amorrortu, 1976, volumen VII

(6)  Jacques Lacan: La transferencia. Buenos Aires: editorial Paidos, 2003

(7)  Jacques Lacan: Escritos. Editorial Siglo XXI, 1984,página 566

(8)  Sigmund Freud: Puntualizaciones sobre el amor de transferencia. Buenos Aires: ed. Amorrortu, 1976, volumen XII, página 164

(9)  Sigmud Freud: Sobre la dinámica de la transferencia, ibidem, página 93.

(10) Jacques Lacan: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanalisis. Buenos Aires: editorial Paidós 1999, páginas 155 y 156

(11) Sigmund Freud: Más allá del principio del placer. Buenos Aires: editorial Amorrortu, 1997,volumen VXII, página

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Last modified: 10 septiembre, 2015

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